Cambio de hábitos

Hace varios meses volví a hacer ejercicio después de mucho tiempo.
Tengo una hernia lumbar y el traumatólogo que me la diagnosticó me dijo que dejara de hacer ejercicio, sobre todo correr que era lo que estaba haciendo en ese entonces. Después de dos años, de casualidad, dí con un especialista en columna, que me dijo todo lo contrario, que haga ejercicio, con los cuidados correspondientes, claro, pero que no dejara la actividad física. Este cambio de instrucciones me dio mucha alegría porque el deporte no sólo hace bien al cuerpo sino también a la mente, así que apenas pude. Empecé a entrenar con un grupo, algo que nunca pensé que iba a hacer ya que prefiero no tener horarios ni depender de nadie, pero en este caso, por mi afección, era necesario tener una persona que me guiara y corrigiera.
Pasaron los meses, y seguía entrenando dos veces por semana, cada vez me gustaba más. En enero de este año, el profesor nos dijo que ya había fecha para una maratón, la nocturna de Sonder, y que los que quisieran participar, iban a tener un entrenamiento especial para la misma. Yo no sabía si iba a correrla, aunque el hecho de que se llevara a cabo de noche era algo que me atraía mucho. De todas formas, empecé a hacer el entrenamiento especial y a salir a correr por mi cuenta. Correr se me hizo rutina, cada vez alargaba más el recorrido y lo disfrutaba mucho más, pero no me creía capaz de llegar a correr los 10 km. así que no me inscribí.
Mis hermanas que también entrenaban conmigo, se inscribieron. Por esas vueltas que da la vida, una de ellas no podía correrla, así que la noche anterior decidí que iba a ir yo en su lugar.


Llegó el día, 29 de febrero de 2020, 16° edición de la maratón nocturna. El evento empezaba a las 20 hs, y el día pasó volando en un enredo de nervios, miedo y ansiedad que fueron aumentando con el paso del tiempo. Más de una vez pensé en no correr, pero mis hermanas y amigos me animaban para hacerla. Así fue, 19: 45 estaba parada en la largada, entre otras 7000 personas, temblando de miedo de no poder. Ya no había vuelta atrás.
20 hs. La luz de largada se puso en verde, había que correr. El nerviosismo y la ansiedad bajaron a mis piernas y se pusieron en movimiento. A los pocos minutos, mi amigo con el que había largado, me dejó atrás, tenía otro ritmo y estaba mucho más entrenado que yo. Mientras avanzaba, miraba todo lo que ocurría a mi alrededor, observaba a las personas que pasaba y que me pasaban. Era algo totalmente nuevo para mi. Seguía avanzando, seguía observando. Mis piernas se movían solas. Cuando presté atención a donde estaba, ya había hecho la mitad del recorrido. Estaba asombrada, contenta, pero también empezaba a sentir el agotamiento y todavía faltaba la peor parte, el kilómetro que pasa por el túnel del Parque España, que además de ser en subida, está el factor del encierro de dicho túnel. No pensé en eso como dificultad, no me convenía, lo pensé y encaré cuál desafío dentro del que ya estaba haciendo. Seguí corriendo, llegó el túnel, seguí corriendo. El plano inclinado y la falta de aire se notaban y se manifestaban en mi. Cuando salí del túnel dejé de correr y empecé a caminar, sentía la necesidad de respirar, estaba muy cansada, pensé que ese era el final para mí hasta que oí alguien que gritaba adelante mío que me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista y una chica que también estaba corriendo empezó a arengar a todos los que habíamos empezado a caminar, "Vamos que ya estamos! Falta poco y viene la parte más fácil! Vamos! Vamos!" Lo decía con tanta energía y alegría que fue imposible no contagiarse de ese entusiasmo. Empecé a correr otra vez. Aunque no llegué a caminar ni dos minutos, fueron suficientes para cambiar el aire. Seguí corriendo. La recta final. El público en esa parte ya era mucho, todos aplaudiéndonos, cómo si realmente estuvieran en nuestro cuerpo y mente y sintieran el esfuerzo que estábamos haciendo. El miedo, los nervios y ansiedad de horas anteriores se había transformado en emoción y orgullo, en ganas de llorar de alegría por todo lo que estaba sintiendo en ese momento, y en eso me quedo. Llegué a la meta. Feliz, muy feliz. Pero lo que dejó huella en mi no fue haber completado la maratón en sí. Lo que dejó huella es haber superado el miedo, es saber que por más que no me crea capaz de algo, no significa que no pueda hacerlo. Y el apoyo y contención de gente q ni conozco, es algo que hasta hoy me emociona. Realmente fue una experiencia que no se sí voy a repetir, pero estoy muy segura que no voy a olvidar.



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